Aprendiendo del celo de un comunista

Aprendiendo del celo de un comunista

de «Creced» 2/2010

Douglass Hyde era comunista pero llegó a creer en Dios. Ha escrito un libro en el cual compara el celo de los comunistas con la timidez que ve muchas veces en los que afirman ser cristianos. En los párrafos que citamos abajo, relata las palabras de uno de sus compañeros comunistas de hace años.

¿Te acuerdas de cómo era la vida en el partido? Al levantarte y afeitarte, ya estabas pensando en lo que podías hacer para promover el comunismo aquel día. Al desayunar leíamos el Diario del Obrero ( “Worker’s Daily,” periódico comunista) para saber la opinión del partido con respecto a lo que estaba pasando en el mundo y para recibir balas para las luchas del día. Se leía cada artículo en el periódico, preguntándose cómo iba a ser posible usarlo para promover la causa.

Yo nunca había tenido interés en los deportes, pero leía la sección de los deportes para poder hablar de ellos con otros y decirles, “¿Has leído esto en el Diario del Obrero”? Entonces, les daba el periódico, esperando que al terminar con la sección deportiva que leyeran también la política.

Al tomar el bus o el tren al trabajo, leía el Diario del Obrero en forma visible esperando que otros vieran los títulos de los artículos y que fueran influenciados por ellos. Llevaba dos copias del periódico conmigo, dejando el segundo en el asiento, esperando que alguien lo viera y leyera.

Al llegar a mi trabajo, hacía circular el Diario del Obrero continuamente, prestándolo primero a un compañero de trabajo y luego a otro. Al almorzar, siempre trataba de conversar con los que comían conmigo y me sentaba en distintos lugares en diferentes días tratando de así extender mi influencia. No forcé el asunto, pero trataba de controlar la conversación para hablar de la política, o si era posible, de las campañas comunistas de aquel entonces.

Antes de dejar mi trabajo, teníamos una reunión con todos los miembros del grupo de la fábrica o la célula para hablar de los éxitos y de los problemas del día. También hablábamos de lo que queríamos lograr el siguiente día.

Entonces me apuraba para llegar a la casa para comer algo rápidamente y luego salir para tomar clases, juntarme con alguna campaña comunista, tocar puertas para hablar del comunismo, o pararme en alguna calle para vender periódicos comunistas. Llegaba tarde a mi casa y me acostaba, soñando con cómo iba a avanzar el comunismo el siguiente día.

Aplicación

Jesús dijo que en algunas cosas, “los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz.” (Lucas 16:8) ¿Cuánto podríamos lograr si todos los cristianos fueran tan entregados a su causa como lo son algunos marxistas a lo suyo?

Sobre el Autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Share This