PADRES, USTEDES SON LOS MAESTROS

PADRES, USTEDES SON LOS MAESTROS

¿Es bueno que la iglesia, como parte de sus esfuerzos para ser columna y baluarte de la verdad, organice estudios bíblicos para los niños? Obviamente sí, la enseñanza de niños puede fortalecer la congregación espiritualmente.

Sin embargo, si estos estudios para niños no reciben la debida atención y dedicación, pueden ser una pérdida de tiempo y recursos. Deben ser un esfuerzo cooperativo entre maestros, padres y niños. Todos tienen un papel que desempeñar en el éxito de estos esfuerzos y todos comparten la responsabilidad por el éxito o el fracaso de tales acuerdos.

No obstante, es preocupante cuando los padres ven las clases bíblicas de la iglesia como la suma total de la instrucción bíblica que reciben sus hijos.

La Biblia es clara en que los padres deben enseñar a sus propios hijos sobre la fe. Particularmente, Dios manda a los padres que crien a sus hijos en la disciplina y la instrucción del Señor» (Efesios 6:4) Eunice y Loida, madre y abuela de Timoteo, le enseñaron “desde la niñez… las escrituras sagradas” (2 Timoteo 3:15).  La fe de Timoteo habitó primero en estas mujeres (2 Ti. 1:5) y él recibió obedientemente su instrucción.

Esta responsabilidad no se puede transferir a nadie más, ni siquiera a la iglesia. Si los padres dependemos únicamente de las clases bíblicas de la congregación para enseñar a nuestros hijos, estamos quedando cortos de lo que necesitan nuestros hijos y lo que nuestro Dios espera.

Piénselo. Las clases bíblicas de la iglesia dos veces por semana son aproximadamente una hora y media de instrucción en asuntos de fe. ¿Es esa una cantidad de tiempo adecuada para el aprendizaje espiritual? Las clases escolares de matemática e inglés reciben mucho más tiempo cada semana.

En lugar de ver las clases de Biblia en la iglesia como la principal experiencia de instrucción espiritual para nuestros hijos, debemos verlas como un complemento de lo que nuestros hijos necesitan saber acerca de Dios y Su Palabra. Son simplemente una ayuda para los padres en sus esfuerzos para transmitir la fe a la siguiente generación.

Junto con sermones, lecturas de la Biblia, oraciones, canto de himnos y conversaciones personales, nuestros hijos necesitan toda la exposición de la Palabra del Señor que puedan recibir. El trabajo que hacemos con los niños en la iglesia nunca puede reemplazar lo que los padres o las madres deben hacer en casa.

—- Mark W. White

 

 

 

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