El pecado de la presunción

El pecado de la presunción

De «Creced» 4/2004

De esta palabra, “presunción” se derivan otras palabras como: “presumido,” “presuntuoso” para señalar a alguien que le gusta hacer ver lo que hace.

La presunción se ilustra en la parábola de Lucas 18:9-14. El contenido de la parábola es que, habían dos hombres, dos oraciones distintas, dos resultados diferentes.
Lucas comienza hablándonos de una costumbre entre los judíos, el orar. Según varias autoridades, los judíos se reunían de mañana y tarde para la oración. Al orar, todo judío tenía que hacerlo con la convicción que Dios existe, Dios escucha, Dios responde. Entre nosotros los cristianos, si no van a ver estos mismos principios, no es bueno orar.

La oración del fariseo

Quiero hacer un fuerte énfasis en la oración del fariseo y no tanto en la del publicano.
“Dios te doy gracias porque no soy como…” Qué bárbaro este fariseo, no fue al lugar de reunión a orar, sino a compararse con los demás. Informó de todo lo que hacía, como si Dios no lo supiera. Cuidado con esta enfermedad porque es muy peligrosa. Es la enfermedad del yo, yo, yo hago esto, yo hago aquello, etc.

¿Qué informó? Informó que era un buen ayunador, aludió a otra costumbre entre los judíos, el ayunar dos veces a la semana, los días del ayuno eran lunes y jueves.

¿Qué significa el ayuno? Es la abstención de alimento. ¿Hay algún beneficio? Sí, la ciencia médica dice el cerebro genera mejores ideas. ¿Se debe imponer? No, no existe en la Biblia el mandamiento para imponerlo, tampoco hay prohibición.

¿Qué otra cosa informó? “Doy diezmo de todo.” ¿Qué es esto, “todo”? Habría incluído grano, vino, aceite. Recordemos las palabras del Maestro dirigidas a los judíos según Mateo 23:23. “Diezmais la menta, el eneldo y el comino,” etc. Hay más información en Deuteronomio 14:22,23; Levítico 27:32.

¿Quiénes tenían el mandamiento de exigir el diezmo? Favor leer Números 18:21; Hebreos 7:5,12. Nosotros como cristianos no tenemos mandamiento para exigir el diezmo de los miembros.

Volviendo al fariseo, este hombre estaba tan orgulloso de sus logros, que para él, creía las puertas del cielo le estaban abiertas. Hermanos, en nuestras actitudes no podemos ir por encima de los demás.

¿Algo que dijo el fariseo era cierto? Es posible. Yo no quiero dudar de su sinceridad, lo que me preocupa al estudiar la parábola fue el vanagloriarse de lo que hacía.
Algo distinto ocurrió con el publicano y su oración tan corta, “Dios, se propicio” (ten compasión de mi) que soy pecador.” El fin de la lección la tenemos en el versículo 14 “El que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.” (Por Luis Dario Segovia)

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