Algo Bueno Pasa

Algo Bueno Pasa

De «Creced» abril, 2006

“Abuelo, tu lees la Biblia y siempre recuerdas dónde se encuentran las
citas importantes,” le dijo un joven a su abuelo. “Cuando yo leo la
Biblia, me cuesta recordar mucho de lo que leo, especialmente dónde se encuentran los textos.”

“No te preocupes Papito,” le dijo el anciano, “te voy a enseñar algo muy importante dentro de un rato.”

Más tarde el anciano le dijo a su nieto, “necesito agua del río y quiero que me lo traigas en aquella canasta en la cual guardo el carbón.”

¡“Pero abuelito”! protestó el muchacho, “si trato de llevar el agua en la canasta, ¡todo va a salir antes de llegar a casa!”

“Tu eres rápido,” respondió el anciano. “Quizás puedes volver con bastante agua.”

El joven fue al río con la canasta con la cual el anciano guardaba el carbón, la llenó de agua y volvió rápidamente a la casa, pero todo el agua salió antes de llegar a ella.

“Te lo dije,” dijo el joven. “Toda el agua salió.”

“No te preocupes,” le dijo el anciano sabio al muchacho. “Quiero que lo trates una vez más. Esta vez, corre para ver si puedes llegar con algo de agua.”

El niño fue otra vez al agua con la canasta, y esa vez volvió corrien-do, pero antes de llegar a la casa, todo el agua había salido otra vez.

“Hijito, quiero que lo trates una vez más,” le dijo el anciano al muchacho. “Esta vez, corre con el agua lo más rápido que puedas.”

“Pero abuelo,” le contestó el muchacho, “no he podido traer nada de agua en la canasta dos veces. Por favor, déjame usar el balde para traer el agua y no la canasta.

“No hijito,” le dijo el abuelo, “esta es la última vez que te voy a mandar a buscar el agua en la canasta. Tengo mis razones. Corre lo más rápido que puedas con el agua, para ver si llegas aquí con algo.”

“Esta bien abuelito,” le dijo el joven. “Lo voy a hacer, pero solamente porque te amo.”

El joven llenó la canasta una vez más con agua y corrió con toda su fuerza hacia la casa, pero al llegar al abuelo, otra vez, no hubo agua en la canasta. Toda había salido.

Entonces, el anciano habló con el muchacho. “No lograste traerme mucha agua, pero, fíjate en la canasta. ¿Como está?”

El joven miró la canasta que antes había sido tan sucia con el polvo de carbón y dijo, “¡se ve mucho más limpia ahora!”

“Así es con leer la Biblia,” le dijo el anciano. “Aunque no puedes retener siempre todos los detalles, te deja siempre más limpio y puro.”
(relatado por Derald Sanchez)

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