Carta a los adictos cristianos a la pornografía

Carta a los adictos cristianos a la pornografía

De Creced 5/2017

En artículos anteriores, hemos hablado del gran peligro de la pornografía, del daño que hace a la sociedad y de cómo corrompe al cristiano cuyo cuerpo debe ser templo santo de Dios (1 Cor. 6:19). Hemos dirigido un artículo a las esposas de los adictos y ahora nos dirigimos al adicto.

Querido hermano adicto a la pornografía,
Usted sabe quién es usted y aunque quizás piense haber logrado esconder su vicio de otros, como bien sabe, no puede esconder nada a Dios. Es probable que sienta un gran sentido de culpa porque sabe que está siendo atraído a algo que es muy dañino a su salud espiritual. Aun así hay esperanza en Cristo para controlar y vencer esta adicción como la hay para todo mal espiritual. Pero, usted tiene que estar dispuesto a hacer los sacrificios necesarios para ganar la victoria en Cristo.

Usted no es el único
Lamentablemente, un gran porcentaje de varones cristianos tienen esta batalla. Algunos han hecho encuestas en campamentos asistidos por jóvenes cristianos (donde por lo general asisten los jóvenes más espirituales) y siempre hay un promedio de cómo 75% que admiten haber visitado una página dedicada a la pornográfica en el Internet durante el último mes. Conozco a buenos predicadores que otros han descubierto mirando páginas pornográficas.

Si somos honestos, todos nosotros tenemos que admitir la batalla que hay con los ojos— con el no cambiar el canal de la televisión con bastante rapidez al aparecer una mujer con poca ropa, con el “rebotar” los ojos instantáneamente al aparecer una mujer en la calle que revela demasiado de su cuerpo. Aun así, si usted tiene el hábito de ir a sitios pornográficos en el Internet, a buscar videos seductores de varias fuentes o a comprar revistas como “Playboy,” ya usted ha llegado a nivel de adicto y está en una condición sumamente peligrosa en cuanto a lo espiritual. Ya usted tiene algo como el cáncer espiritual que fácilmente puede matarle espiritualmente.

¡La acción drástica es necesaria!
No es tiempo para decir, “un día de estos” voy a dejar todo esto. Así hablan todos los adictos mientras se caen más profundamente en el pozo de la adicción. Es tiempo para la acción drástica.

1. La confesión sincera a Dios (Salmo 32; 1 Juan 1:9).

2. La confesión a uno o dos hermanos de confianza que puedan ayudarle (Santiago 5:16). Normalmente no conviene confesar esta adicción a todo el mundo (véase un artículo en Creced de enero, febrero de l 2012) pero sí a los individuos de confianza que puedan orar con usted y hacer un plan de acción para ayudarle.

3. Juntos con los hermanos de confianza, es esencial hacer un plan para volver a ganar el control de su vida. Debe incluir elementos como los siguientes.
a. A veces, algunos filtros anti-pornográficos y programas de responsabilidad personal como “Covenant Eyes” (Pacto con los ojos) pueden ayudar a un cristiano a ganar de nuevo el control de sus aparatos electrónicos. (Véase más información en boletines anteriores.)
b. Pero si no se controla el problema con los filtros y programas, el quitar los aparatos usados para ver la pornografía es el único camino que queda si usted quiere ir al cielo. Significa el estar dispuesto a botar la computadora o el Smartphone (o el acceso al Internet de ellos) o cualquier aparato por medio del cual entra “la droga” de la pornografía. Se puede sobrevivir en este mundo sin acceso al Internet, sea por computadora o por “Smartphone.”

«Y si tu ojo derecho te es ocasión de pecar, arráncalo y échalo de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno[” ” (Mateo 5:29).
Si este texto se aplica al ojo, ¡cuánto más al Smartphone o a la computadora!

c. Mucha oración – Usted tiene que aprender a orar como jamás ha orado antes. También al ser tentado, es esencial que llame de una vez al hermano de confianza que usted ha elegido para que él ore con usted.

Como es el caso con el alcoholismo y la drogadicción, la adicción a la pornografía puede ser controlada, pero no es posible sin Cristo y sin la disciplina y las amistades cristianas que Él nos provee.

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