Primero, la santidad

Primero, la santidad

De «Creced» 4/2011

Al asistir un picnic de despedida dado por algunos jóvenes cristianos en Bogotá, Colombia, me senté al lado de un joven llamado Santiago. El tenía como veinte años, era un soltero recién convertido y ardientemente dedicado al estudio bíblico. Habló muy poco inglés y yo muy poco español (en aquel entonces, gh), y por tanto nos sentamos juntos en silencio e incómodos un par de minutos. No quería que Santi me tuviera por engreído o poco amistoso y por tanto decidí decir algo para romper el silencio. Me dirigí a él y la primera cosa que vino a mi mente era preguntarle, “Santi, ¿tienes una novia?”

Respondió rápidamente y con mucha seriedad, “O no hermano. Primero la santidad… y luego una novia.”
Fue hace treinta años, pera todavía las palabras de Santi me impactan. No conozco otro ejemplo que mejor ilustre lo que significa el enfocar la vida en el Señor y entonces dejar que todas las decisiones importantes fluyan de aquel valor principal. Saber exactamente quién eres en el interior del corazón y el dejar que todo lo demás se base en la integridad de esta esencia es dejarte ser crucificado con Cristo. Primero la santidad… y luego un compañero. Primero la santidad… y luego una carrera. Primero la santidad… y luego una familia. Primero la santidad… y luego planes y metas para el futuro. Todo depende de saber exactamente quién soy, a quién quiero ser y cómo llegar a esa meta.

Si mi identidad interior es ser servidor de Jesucristo y si propongo dejar que El more en mi más y más al madurarme y si sé que la única forma para alcanzar esta meta es ser un sacrificio vivo para el, entonces todo en mi vida va a reflejar esta autodescripción. Mi autodefinición afecta todas mis decisiones cotidianas y me llevará a hacer determinaciones las cuales hago solamente porque he elegido ser servido de Jesús más allá de cualquier otra consideración en la vida. ¿Cómo voy a invertir y gastar el dinero? ¿Cómo voy a poner límites a mis placeres y conveniencias? ¿Cómo voy a usar el tiempo libre? ¿Cómo voy a interrelacionarse con mi familia? ¿Qué tipo de empleo voy a aceptar o rechazar? ¿Cómo voy a criar a mis hijos? ¿Cómo voy a responder a la provocación? ¿Cómo puedo mantener la integridad de mi carácter al vivir en una cultura la cual es empapada con la lascivia y el compromiso moral?

Si no determinamos exactamente quiénes somos y quiénes queremos llegar a ser, no tenemos ancla ni brújula para guiaros frente a las decisiones importantes que nos afectan a nosotros y a los que están más cerca de nosotros en formas muy profundas. “Primero, la santidad,” es un buen lugar para comenzar. (Royce Chandler)

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