La mejor defensa de la fe

La mejor defensa de la fe

De «Creced» 2/2012

He tenido tiempo para leer varios libros durante los últimos meses que defienden la creencia en Dios. Al leer los intercambios en el Internet con respecto a ellos, he notado que algunos críticos dan mucho énfasis a los credenciales de los escritores – cuántos doctorados tienen, en cuáles universidades estudiaron, cuáles eran los enfoques de sus estudios, cuantos premios académicos han ganado, etc.

Confieso que al leer este tipo de libro, a veces la terminología me pasa por encima, especialmente cuando los autores analizan varias cuestiones científicas con respecto a la evolución, especialmente las que tratan de la química o la genética. Al darme cuenta de mis limitaciones académicas e intelectuales, a veces me pregunto, “¿No soy cualificado para defender la fe en Jesús?” No tengo ningún doctorado, no soy erudito y a veces los intercambios entre ellos me dejan en blanco. Pero al analizar más profundamente la situación, sé que puedo defender bien la fe de Dios sin entrar en discusiones o controversias que van más allá de lo que puedo entender.

Dos puntos que me consuelan

(1) La verdadera fe se basa en la palabra de Dios y no en argumentos científicos. Aunque hay lugar para éstos y admiro a los pocos que son cualificados para darlos y entenderlos, lo que cambia el alma son las palabras entendibles de Jesús – “Ningún hombre habló como este hombre.” Centenares de testigos le vieron vivo después de su muerte (1 Cor. 15:3-8) y estaban dispuestos a sufrir la tortura y la muerte antes de renunciar a su testimonio (2 Cor. 11). Son hechos que puedo entender sin ser erudito y convencen hoy aun a intelectuales si en verdad están buscando propósito para su vida.

(2) El amor es lo que más impacta al que no cree y no argumentos astutos acerca de la ciencia o la filosofía. (Juan 13:35) – “En esto conocerán que sois mis discípulos si tienen amor los unos con los otros.”
Dos excelentes libros que he leído: “Darwinismo on Trial,” (el darwinismo bajo juicio) y “The Case for a Creator” (El caso que apoya el concepto de un Creador) fueron escritos por dos hombres (Phillip Johnson y Lee Strobel) que antes no creían en la existencia de Dios. ¿Qué les convenció que Dios existe? ¿Fueron los argumentos científicos y filosóficos de eruditos cristianos? No, los dos vieron el amor en sus esposas al llegar a creer ellas en la existencia de Dios y luego vieron como los miembros de sus iglesias se servían mutuamente y ayudaban a los pobres. Al observar este amor, se dieron cuenta que algo más que la materia existe en el mundo. Luego analizaron los argumentos científicos y filosóficos de eruditos cristianos y se dieron cuenta que tenían mucha razón, pero lo que primero les impactó fue el amor.
Así fue en los primeros siglos después de Cristo. Aunque había defensores intelectuales (por ejemplo, Justino Mártir y Orígenes) lo que más impactó el imperio romano fue el amor de los cristianos primitivos.
* Tertuliano reportó que los romanos siempre decían de los cristianos, “Miren, ¡cuanto se aman!”
* Justino Mártir dijo, “Antes nos odiábamos, nos destruimos y nos negamos a tener tratos con los de otra raza u de otro país. Ahora, debido a Cristo, vivimos juntos con tales personas y oramos por nuestros enemigos.”
Voy a tratar de seguir leyendo libros de eruditos que creen en la existencia de Dios aunque a veces me cuesta entenderlos. Pero, la mejor defensa que puedo hacer para apoyar la fe en Dios, no es repetir argumentos científicos y filosóficos que apenas puedo entender, sino el de demostrar el amor de Dios.

El amor en Alejandría.
Una plaga afectó todo el mundo romano en el tercer siglo después de Cristo. Al llegar a su pleno auge, algunos 5,000 individuos morían diariamente en Roma. La plaga afectó grandemente la ciudad de Alejandría en Egipto donde los cristianos habían sido perseguidos fuertemente. Para evitar los efectos de la plaga, muchos de los paganos que tenían dinero y poder político echaron a sus familiares de sus casas a la calle y luego huyeron al campo.

Después de huir de sus perseguidores, los cristianos que se habían escondido de ellos, salieron de sus casas y comenzaron a cuidar a los enfermos en la calle y a los que estaban muriendo, inclusive a los familiares de sus perseguidores, abandonados por éstos. Sabían que al ayudar a los infectados, ellos mismos corrieron el riesgo de contaminarse y morir, pero lo hicieron de todos modos y como resultado, miles de cristianos fueron sepultados juntos con los que ayudaron.

Los paganos de Alejandría nunca habían visto este tipo de amor y muchos llegaron a creer en Dios, no por argumentos filosóficos y científicos, sino al ver el amor que procedió de una fuente sobrenatural.

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