Diez pasos que históricamente acompañan la apostasía.
1. La prosperidad (Deuteronomio 8:11-14) – La apostasía casi siempre está precedida por la prosperidad.
2. Adherentes de la segunda, tercera y subsiguientes generaciones (Jueces 2:10) – Los hijos, nietos, bisnietos de los que dejan el mundo o el error son más susceptibles a la apostasía que sus padres, abuelos y bisabuelos.
3. Orgullo partidista (Mateo 3:9) – «¡Debo tener la razón por que soy del grupo correcto!». «Estar en el grupo correcto es lo esencial». El orgullo partidista está detrás de la organización de congregaciones en algo como una red o una diócesis, para promover proyectos que producen el orgullo para la red.
4. Orgullo en un conocimiento superior – «El conocimiento envanece, pero el amor edifica» (1 Corintios 8:1). El énfasis en los títulos académicos y el conocimiento de las modas «teológicas» del día.
5. El sincretismo en la adoración – «Sincretismo» es una palabra fina, pero útil para conocer. Tiene que ver con la mezcla de tendencias populares de adoración con la humilde sencillez que Dios busca (Jueces 17:3; 2 Crónicas 33:17). Así vemos más elementos del mundo del espectáculo infiltrándose en la adoración de varias congregaciones.
6. El sincretismo en la doctrina – Es mezclar las enseñanzas de Dios con doctrinas populares del mundo religioso, especialmente del mundo evangélico (Col. 2:20-23).
7. Cuestionar si las doctrinas impopulares provienen realmente de Dios (Gen. 3:1): «¿Es toda la Biblia realmente inspirada?» «¿No ha sido corrompida?»
8. Unirse a quienes intentan socavar la enseñanza y la obra de Dios y a la vez buscar falta con sus fieles seguidores (Un buen ejemplo – como algunos judíos defendieron los enemigos de Dios en Nehemías 6:19; 13:7).
9. Orar menos, estudiar menos, servir menos (Hebreos 6:4-6).
10. El último paso – abandonar toda pretensión de fe (2 Pedro 2:20-22).
Debo tener cuidado especialmente con el número 2. Mis antepasados comenzaron a seguir al Señor a mediados del siglo XIX. Mi desafío (y el de muchos) es acercarme humildemente a Dios para evitar el resto de estos pasos, especialmente el orgullo que los sustenta.

